Hermano Mío: Te escribo desde piélagos mientras espero alguna misiva con tu apariencia y del cielo caen esquirlas que reflejan nostalgias. El viejo faro evoca el vapor de los barcos pero ahora este muelle solamente es asolado por mis lágrimas que secan arrecifes con el pudor del firmamento. Me adelanto a escribirte en este papiro porque hoy sé de tu sacrificio, de la maldición no merecida, y las barcazas ondulan tus sueños que me pertenecen cuando las algas se acercan a la orilla, mojando mis pies con el aliento de los evangelios.
Sentado en un muelle desgastado por la rueca del aire y la catarsis de los siglos, añoro aquellas noches cuando solitario veía el firmamento y sin testigos señalabas que cada eclipse sería nuestro, reía pero en mis adentros, deliraba tu mismo ensueño mientras las fogatas navegaban a contracorriente. Sabes, el rumor del oleaje reproduce la oración del mar cuando sentía tu andar, me adhiero a ella y finalizamos con cánticos y salmos para Jehová Rafah.
Una estrella fugaz se sumerge en los océanos, respiro un vaho de paternidad, a mi lado, una botella con una misiva a tu nombre Jesús y una caracola que repite tu voz y susurra: Abba te ama porque como yo, bajaste al infierno, venciste a la muerte y en afonía levantas tu cruz para seguirle.

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